MORDIENDO LA GRAN MANZANA

Y descubriendo su sabor por primera vez.

Denise Sánchez
Denise Sánchez, la ganadora del 1er Concurso de Periodismo "Redact-arte" organizado por The Fashion Hunter & FN Fashion News, disfrutando de su premio. Viaje a Nueva York (última semana de febrero 2020)

Fútil, anodina, efímera, innecesaria y banal.

Probablemente el mundo de la moda haya recibido alguna de esas descripciones entre tertulia y plática de sobremesa. Pero para mí, se ha convertido en un tema de poder.

Toda época nos comunica algo a través de sus telas, cortes y colores. Nos habla de dinastías, de linajes, de rango y entorno político; nos habla de profesiones milenarias, del por qué el obrero usaba overol de mezclilla y la milicia tonos de camuflaje con fibras resistentes; del por qué las cortesanas victorianas llevaban atuendos llamativos, pero de menor talento que la “reina del rococó”, a quien se le confeccionaban zapatos a juego de su belleza, María Antonieta y sus majestuosos vestidos de alta costura, vaya que son una exquisita adicción visual.

Las exhaustivas expediciones en barco hacia el continente americano, han traído algo más que oro y mercancías de europeos con finos atuendos arribando a los puertos de la antigua New Amsterdam (hoy Manhattan). Los transatlánticos ahora nos hablan de la segmentación de una clase productiva que constituye pilares de la maquila en China, Filipinas y Taiwán.

Las prendas hablan de quiénes somos, de lo que fuimos, de lo que tuvimos oportunidad de ver y de lo que un día soñamos ser.

La ropa que utilizamos no solamente denota poder adquisitivo, un atuendo diferencia al sacerdote de una tribu, al festejado en una celebración ó a un equipo de soccer del otro. Las prendas cambian, las prendas muestran, las prendas trasmiten energía, pasión y gusto por lo que nos hace sentir vivos.

Más allá de un paseo entre vitrinas con colecciones de alta gama y personajes con atuendos llenos de glamour, New York se convierte en el trampolín de trabajo que ha sido responsable de cualquier cosa con la que te encuentres vestido en este preciso momento…

Ahora que me encuentro viviendo este sueño, entiendo que todo viaje confiere cierto nivel de aprendizaje en el que deberíamos estar dispuestos a la conciencia activa de compartir lo que nuestros ojos vieron.

La experiencia de llegar a la Gran Manzana, es una invitación constante para ser parte de una visión. Visitar New York por primera vez te convierte en actor de una gran maqueta viviente. Cada esquina, cada calle, cada anuncio, te recuerda algún fragmento de película, ya sea de corte cómico, político, biográfico o romántico que culmina sin duda en una gran sonrisa en tu rostro.

Tener oportunidad de conocer edificios, parques y estaciones de metro en cada distrito y barrio de esta titánica isla, remueve fibras que nos trasladan a varias instancias de nuestro tiempo. Sólo en Manhattan se tiene acceso a colores, texturas, matices, olores e idiomas diferentes con tan sólo recorrer una cuadra. Con el andar de cada individuo se marca una declaración de autenticidad y resulta curioso cuando el mismo bolso Chanel, Dior o Prada, luce incomparable en suficiencia cuando lo ves colgado de hombros que hablan distinta lengua.

La cuna de la moda nos invita a ser marca de un pensamiento poderoso, a ser admiradores de la belleza, a ser portadores de otra era de la humanidad.  New York inspira a apropiarse de un estilo que trasmita más que un   estado de ánimo y promueve la redefinición de quiénes somos, quiénes fuimos y hacia dónde queremos ir.

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